Cronicas Marcianas…

– ¿Llamaste? – preguntó, irritado.
– No – dijo la señora K.
– Creí oírte gritar.
– ¿Grité? Descansaba y tuve un sueño.
– ¿Descansabas a esta hora? No es tu costumbre. La señora K seguía sentada, inmóvil, como si el sueño, le hubiese golpeado el rostro.
– Un sueño extraño, muy extraño – murmuró.
– …Ah. – Evidentemente, el señor K quería volver a su libro.
– Soñé con un hombre… – dijo su mujer
– ¿Con un hombre?
– Un hombre alto, de un metro ochenta de estatura
– Qué absurdo. Un gigante, un gigante deforme.
– Sin embargo… – replicó la señora K buscando las palabras- Y… ya sé que creerás que soy una tonta, pero… ¡tenía los ojos azules!
– ¿Ojos azules? ¡Dioses! – exclamó el señor K – ¿Qué soñarás la próxima vez? Supongo que los cabellos eran negros.
– ¿Cómo lo adivinaste? – preguntó la señora K excitada.
El señor K respondió fríamente:
– elegí el color mas inverosímil. …
– ¡Pues eran negros! – exclamó su mujer -. Y la piel, ¡blanquísima! Era muy extraño. Vestía un uniforme raro. Bajó del cielo y me habló amablemente.
– ¿Bajó del cielo? ¡Qué disparate!
– Vino en una cosa de metal que relucía a la luz del sol – recordó la señora K, y cerró los ojos evocando la escena -. Yo miraba el cielo y algo brilló como una moneda que se tira al aire y de pronto creció y descendió lentamente. Era un aparato plateado, largo y extraño. Y en un costado de ese objeto de plata se abrió una puerta y apareció el hombre alto.

– Si trabajaras un poco más no tendrías esos sueños tan tontos.
– Pues a mí me gustó – dijo la señora K reclinándose en su silla -. Nunca creí tener tanta imaginación. ¡Cabello negro, ojos azules y tez blanca! Un hombre extraño, pero muy hermoso.
– Seguramente tu ideal.
– Eres antipático. No me lo imaginé deliberadamente, se me apareció mientras dormitaba. Pero no fue un sueño, fue algo tan inesperado, tan distinto… El hombre me miró y me dijo: «Vengo del tercer planeta. Me llamo Nathaniel York…»
– Un nombre estúpido. Eso no es un nombre.
– Naturalmente, es estúpido porque es un sueño – explicó la mujer suavemente – Además me dijo: «Este es el primer viaje por el espacio. Somos dos en mi nave; yo y mi amigo Bart.»
– Otro nombre estúpido.
– Y luego dijo: «Venimos de una ciudad de la Tierra; así se llama nuestro planeta.» Eso dijo, la Tierra. Y hablaba en otro idioma. Sin embargo yo lo entendía con la mente. Telepatía, supongo.
El señor K se volvió para alejarse; pero su mujer lo detuvo, llamándolo con una voz muy suave.
– ¿Yll? ¿Te has preguntado alguna vez…. bueno, si vivirá alguien en el tercer planeta?
– En el tercer planeta no puede haber vida, es obvio – explicó pacientemente el señor K – Nuestros hombres de ciencia han descubierto que en su atmósfera hay demasiado oxígeno….